viernes, 15 de octubre de 2010

UN GRAVE PROBLEMA PENDIENTE
Desde los ya lejanos años del Concilio Vaticano II, la Jerarquía católica viene llamándose andana ante un problema estructural de primer orden, que afecta a la Iglesia: el celibato sacerdotal. Diría que el transcurso del tiempo lo ha agravado todavía más. La falta de sacerdotes, en muchos países de la tierra –incluida la católica España-, es una realidad innegable. La necesidad de sacerdotes resulta cada día más acuciante. Todo el mundo lo palpa, menos, al parecer, la Jerarquía católica y las altas esferas vaticanas. ¿Por qué no se aborda de frente, con decisión y sin rodeos? ¿Por qué sigue siendo un tema ‘tabú’, ocultado bajo el manto del silencio?
Sencillamente, porque así lo quiere, desde tiempo inmemorial, la todo poderosa Curia romana, porque la Jerarquía católica es absolutamente sumisa, porque prefiere aceptar la ley del silencio y no comprometarse. Ni siquiera el Concilio permitió su tratamiento. La autoridad superior, al decir del todopoderoso Secretario general Mons Felici, lo impedía. Curiosa terminología e invocación en base a la cual se han hecho y deshecho en el Vaticano las cosas más insólitas y paradójicas. Lo cierto es que para el Concilio no mereció de hecho ni una sola palabra.
Es más, como ha subrayado Hans Küng, “sin consultar a los obispos, o sea, en claro menosprecio de la colegialidad que tan solemnemente había proclamado el concilio, el papa Pablo VI, de nuevo comprometido sin reservas con la línea de la Curia, promulga el 24 de junio de 1967 una gran encíclica ... a favor del celibato: Sacerdotalis caelibatus”.
¡Se acabó! ¡Ya no existía el problema!
Sin embargo –a pesar del documento papal y de la doctrina oficial-, la realidad era y sigue siendo muy diferente. Las deserciones se multiplicaron y las vocaciones bajaron en picado. Y ahí permanecen. Son muchos los creyentes y los sacerdotes que se preguntan por qué ha de permanecer una disciplina medieval, por qué no se valora su armonía con el evangelio, por qué no se tiene en cuenta su contradicción con el derecho del hombre al matrimonio, por qué el pueblo fiel se ha de ver privado de atención pastoral, por qué se mira hacia otro lado cuando se habla de cómo vive el clero católico su celibato.
Gregorio Delgado del Río
WWW.delgadoyasociados.es

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