jueves, 10 de junio de 2010

CUANDO LO MALO APARENTA BONDAD
Si uno se acerca al tratamiento que los medios de comunicación, los representantes de los empresarios y la casta política han otorgado a la mal llamada fusión de Sa Nostra y lo hace con un mínimo de perspectiva, inmediatamente recuerda aquello de ‘arrimar el ascua a su sardina’, esto es, aprovechar la ocasión en beneficio propio o tender a defender lo que más acomoda. Lo cual –dicho sea de paso- suele llevar consigo la ocultación de la verdad.
En este caso, ni creo, en efecto, que estemos ante un gigante financiero, ni tal como se ha hecho garantiza que vaya a fluir el crédito, ni ha sido una fusión profesional sino muy politizada, ni importa –en este mundo de absoluta globalización- su identidad provinciana, ni, por tanto, es calificable de positiva. Por no ser, ni siquiera es una fusión en sentido estricto. Todo esto y mucho más se ha de presumir en quienes han opinado al respecto. Tener el coraje de decirlo es ya harina de otro costal.
Esta actitud, tan extendida en la España que padecemos, tiene un nombre muy castizo: ‘cantamañanismo’. “Es –en palabras de Pérez Reverte- lo políticamente correcto, el no atreverse nunca a llamar a las cosas por su nombre”. Lo cual, por cierto, es muy peligroso ya que –probablemente, sin advertirlo- se está con ello colaborando en hacer “una España virtual que no tiene nada que ver con la realidad”. Tal apreciación es verificable sobre todo en momentos, como los actuales, de grave crisis económica y moral.
Me ocurre lo que a Stockmann, el famoso personaje de Ibsen, que a estos ciudadanos “no he podido soportarlos nunca”, pues destrozan cuanto encuentran a su paso. ¿Por qué será que ninguno –salvo alguna honrosa excepción- se ha atrevido a enfrentarse con la verdad y la realidad? ¿Será que, acaso, la ignoran? A fuer de sincero, tampoco, en algún caso, me extrañaría nada.
Si queremos servir a la sociedad en que vivimos, se debería exigir que nos cuenten cuál era o es la situación real de la caja, cuál es su nivel de endeudamiento y cuál es su capacidad para hacer frente al mismo. ¡Que no nos vengan ahora con milongas! ¿De verdad era ésta la reforma que necesitaban las Cajas de ahorros? ¿Puede alguien creerse que, en virtud de la chapuza política de las fusiones frías de las cajas, han cambiado radicalmente las perspectivas del crédito?
No se entiende -o, quizás, se entienda demasiado- que no se pida cuentas a nadie por tan mala gestión, por tanta ineficacia e irresponsabilidad. Es más, seguirán –no faltaba más- los mismos órganos gestores, auténticas pesebreras políticas y sindicalistas. ¡Y esto parece bien y no despierta rechazo alguno! ¿Por qué no se dice, por qué no se pone en guardia frente a ello a los impositores y la sociedad entera? ¿Por qué los de siempre hemos de pagar los entuertos de tan mala gestión?
Para definir la reacción generalizada con la fusión de Sa Nostra, no encuentro nada mejor que una máxima moral del poeta latino Publilio Siro. Dice así: “Cuando lo malo aparenta bondad es cuando es peor”.

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