domingo, 20 de enero de 2008

MÁS HACER Y MENOS HABLAR
Además de la denuncia, la Jerarquía católica podría intentar una cierta autocrítica. Ésta podría concretarse en algunas preguntas: ¿Qué más –al margen de tanto documento y condena- hace la Iglesia por la familia? ¿Qué apoyo recibe de hecho una pareja con dificultades en su convivencia diaria? ¿Qué se ofrece a los matrimonios con problemas más allá de un lenguaje poco inteligible y una moral restrictiva? ¿Qué servicios permanentes existen en la Iglesia a los que poder acudir y que además acrediten una cierta capacidad de acogida y de entendimiento de la realidad que se vive en pareja? ¿Por qué, en este terreno, se sigue con la tradicional desconfianza hacia los laicos? ¿Por qué no se encomienda esta labor a personas creyentes, que viven en pareja con un cierto nivel de compromiso, y que, por haber experimentado a diario las dificultades de la vida en común, generarían un grado mayor de credibilidad? ¿La Jerarquía católica se toma realmente en serio la preparación de sus fieles para el matrimonio? Para mí la conclusión es clara: menos hablar y más hacer.

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